A nuestra escuela siempre le gusta sumarse a nuevos retos por lo que este año por primera vez el Ting Sing Kwun se acercó hasta Andorra, al campeonato que el Club Kung Fu Encamp Pas lleva organizando ya desde hace veinte años.

Un grupo numeroso de alumnos junto con nuestro Sifu Rubén Romero se desplazaron hasta este pequeño y bonito país de la montaña, donde además de disfrutar de la convivencia, el kung fu y la amistad, pudieron hacerlo de los hermosos paisajes.
El sábado por la mañana les tocó el turno a los más pequeños, casi todos de la clase avanzada de infantil pero también algún valiente de la clase de iniciación. Orgullo es la única palabra que define lo que sentimos por todos ellos, dejaron el nombre de la escuela y de nuestro maestro bien alto, arrasando con un buen número de medallas de todos los metales.

Un gran mérito teniendo en cuenta que para el 90% de ellos era la primera vez en un campeonato.

Por la tarde les llegó el turno a los jóvenes y a los adultos, al igual que había pasado por la mañana, nuestra escuela se destacó por el gran número de medallas obtenidas y más aún, por la calidad y deportividad de todos los alumnos.
Siempre está bien competir y ganar, pero aun está mejor vivir la experiencia con tus compañeros y hacer nuevos amigos de nuevos lugares.

En la categoría de sanda sólo tuvimos una representante que se llevó merecidamente la medalla de oro. El año que viene pensamos repetir con un buen número de estudiantes que se quedaron con ganas de demostrar lo mucho que han entrenado esta disciplina durante el año.

Una mención especial merece nuestro gran equipo de tai chi chuan. No es fácil organizar un campeonato en el que se mezclan estilos tan distintos, y no es fácil competir cuando a la vez hay un tai chi más tradicional y otro más moderno.
Nuestra escuela lo dio todo representando el tai chi tradicional de la familia Yang dejando en muy buen lugar a la escuela y haciendo que el Sifu estuviera orgulloso.

Una gran experiencia, no sólo por los resultados, si no por todo lo vivido. Para unos fue la primera vez, otros van acumulando campeonatos sobre sus espaldas, algunos superaron miedos y circunstancias personales adversas, otros superaron los nervios y superaron ser los más pequeños del grupo, o los más mayores, con absoluta maestría.

Algo que me encanta de nuestra escuela es que las familias van unidas, unas familias compiten casi al completo, con dos y tres de sus miembros sobre el tatami, otras familias van de apoyo y se convierten a su vez en parte de algo más grande, de una comunidad que funciona unida, que se apoya y se respeta honrando de esta forma también algo que es muy importante en nuestra escuela de origen de China. Todos pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos, pertenecemos a una tradición que se extiende a lo largo del tiempo, dónde preservar la historia, los valores y la esencia del estilo se convierte en un modo de vida.
Seguiremos en este camino siempre, pronto con más campeonatos, más exhibiciones y más y mejor kung fu.

